Constructores de esperanza: Violeta Mazariegos
A sus 73 años, Violeta Mazariegos ha dedicado más de una década de su vida al voluntariado en Hábitat para la Humanidad Guatemala. Actualmente es Presidenta del Comité de Voluntarios del afiliado de Coatepeque, en la región de Costa Sur, y su historia refleja cómo el servicio puede transformar no solo comunidades, sino también la vida de quien decide ayudar.
Violeta está casada con don Leonel Mazariegos y es madre de una hija. También es abuela de nueve nietos, quienes forman parte fundamental de su vida. Hace 36 años, un accidente cambió profundamente la realidad de su familia cuando su esposo quedó con una discapacidad permanente. Desde entonces, Violeta asumió gran parte de la responsabilidad económica del hogar, apoyándose en su oficio de costurera para sostener a su familia durante muchos años.
Su relación con Hábitat comenzó cuando se acercó buscando financiamiento para una vivienda. En ese momento no pudo acceder al programa, pero años después recibió una invitación para participar en una asamblea comunitaria. Aquella invitación llegó en uno de los momentos más difíciles de su vida: la pérdida de su hijo adulto, una experiencia que la llevó a atravesar una profunda depresión.
Fue precisamente en ese acercamiento al voluntariado donde Violeta encontró una nueva razón para seguir adelante. Como ella misma expresa, fue allí donde “renació”.
Lo que comenzó como una curiosidad por conocer el trabajo de la organización se convirtió en un compromiso permanente. Gracias a las capacitaciones y al acompañamiento de Hábitat, fue fortaleciendo sus conocimientos y su liderazgo. Dos años después de integrarse al voluntariado fue propuesta para asumir la Presidencia del Comité de Voluntarios, responsabilidad que aceptó con gratitud y que continúa desempeñando hasta hoy.
Desde su liderazgo promueve la participación de más personas en el voluntariado y motiva a los miembros del comité a capacitarse constantemente. Actualmente el grupo se reúne cada mes para planificar su trabajo y continúa recibiendo formación por parte de Hábitat.
Para Violeta, una vivienda es mucho más que paredes y techo.
Es el lugar donde una familia puede sentirse segura, convivir y construir su futuro.
Uno de los momentos que más la emocionan es la entrega de viviendas, cuando ve la alegría de las familias al recibir un hogar digno. Para ella, ese instante representa esperanza y nuevas oportunidades.
Uno de los ejemplos que más la marcó fue el de unos vecinos a quienes durante dos años les habló sobre la posibilidad de construir su casa con el apoyo de Hábitat. Finalmente decidieron hacerlo y hoy viven en una vivienda más segura y saludable. Desde entonces, sus hijos se enferman con menos frecuencia y la familia disfruta de un entorno más digno.
Historias como esa le recuerdan por qué decidió dedicar su tiempo al servicio.
Violeta afirma que el voluntariado nunca es tiempo perdido. Para ella, servir a otros es una inversión con un valor profundo, porque cada acción contribuye a mejorar la vida de las familias y fortalecer las comunidades.
“No es necesario tener mucho para ayudar», dice, «basta con tener la voluntad de tender la mano».
En Hábitat para la Humanidad Guatemala celebramos a personas como Violeta, quienes con su compromiso nos recuerdan que juntos construimos vivienda, comunidad y esperanza.



